La eficacia del ozono en la hepatitis ha sido demostrada a
través de distintos estudios, algunos de ellos tan interesantes
como un trabajo multicéntrico realizado por investigadores
del CSIC junto con el Institut Vascular Sala-Planell y la Facultad
de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona.
En este trabajo, se mostraba cómo, en un modelo experimental
de ratas a las que se había practicado una lesión
hepática por isquemia de reperfusión, el ozono
conseguía un efecto protector sobre la lesión
hepática con una disminución significativa de
los niveles de transaminasas.
Las ratas a las que se había inducido esta lesión
eran tratadas o no con ozono y, al comparar unas ratas no tratadas
con ozono y otras que sí lo eran, la presencia del ozono
evidenciaba una disminución de los radicales libres de
oxígeno responsables de la lesión del tejido durante
la reperfusión.
Los resultados demostraban la efectividad de la administración
del ozono en disfunciones de base inflamatoria, siendo el ozono
capaz de preservar los niveles de glucógeno hepático
manteniendo las concentraciones de lactato en rangos basales.
Este hecho es significativo porque uno de los problemas asociados
a una lesión por isquemia de reperfusión es lña
generación de lactato intracelular con el consiguiente
daño y muerte de la célula.
La ozonoterapia se ha mostrado también de utilidad
clínica en muchos casos de hepatitis.
No olvidemos que la hepatitis es vírica y que el ozono
es el único antivirus que poseemos.
Algunos pacientes con hepatitis B, tratados con ozono, han
visto disminuir sus transaminasas y recuperar sus niveles
normales en poco tiempo reduciendo a la mitad su tiempo de
reposo absoluto.
El ozono en caso de hepatitis C resulta un buen coadyuvante
para distanciar las crisis, aunque es difícil asegurar
que incida en su curación.
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