| El pie diabético
es una alteración multisistémica, neurológica,
vascular, osteoarticular, que si no es precozmente diagnosticada
y tratada, conlleva un elevado porcentaje de amputaciones, con gran
repercusión personal y laboral para el paciente y un elevado
coste sanitario y social.
Es conocida su escasa prevención a nivel sanitario y del
propio individuo y su inicio, en muchas ocasiones banal, condicionan
que las actuaciones necesarias se dilaten en el tiempo y cuando
el paciente es finalmente tratado, ya existan lesiones irreversibles
que podrían haberse evitado o, al menos, minimizado.
En 1997, la Organización Mundial de la Salud cifraba sus
estimaciones de Diabetes Mellitus (DM) en el 2´ 1% de la población
mundial: 124 millones de personas. De ellas, correspondían
4 millones a DM tipo I y 120 millones a DM tipo II.
A partir de estos datos, las estimaciones para el año 2000
y a más largo plazo, para el 2010, son un incremento substancial,
alcanzando cifras de 152 y 221 millones de personas diabéticas
respectivamente.
La DM forma parte de los cuatro factores de riesgo clásicos
de las enfermedades arterioscleróticas, junto al tabaquismo,
la hipertensión y la hipercolesterolemia.
La metamorfosis desde el descubrimiento de la insulina en 1922 es
asombrosa. En la era preinsulínica morían el 65% de
los pacientes en coma diabético; después del dominio
de las desviaciones metabólicas agudas, pasaron las vasculopatías
y las infecciones a primer plano. La posterior aparición
de los antibióticos hicieron retroceder las infecciones y
actualmente 2/3 de los diabéticos mueren por sus complicaciones
vasculares.
El riesgo de que un paciente diabético sufra una amputación
menor y/o mayor es elevado. Gran número de estudios aseveran
que la incidencia acumulativa de amputaciones en la población
a la que se diagnostica la enfermedad antes de los 30 años
y con una evolución de más de diez, supera el 5% en
la DM tipo I y el 7% en la DM tipo II.
El 8% de los pacientes diabéticos adultos ya tienen enfermedad
arterial en las extremidades inferiores cuando se les diagnostica
la DM.
La existencia de esta afectación vascular en extremidades
inferiores implica la presencia, en mas o menos grado, de una enfermedad
cardiaca o cerebral concomitante.
Entre el 40-50% de los enfermos diabéticos desarrollan a
lo largo de su vida ulcera en el pie, que en un 20% es causa de
la amputación de la extremidad.
La Sociedad Española de Angiología y Cirugía
Vascular define el Pie Diabético como una “ alteración
clínica de base etiopatogénica neuropática
inducida por la hiperglicemia mantenida, en la que con o sin coexistencia
de isquemia,y previo desencadenante traumático, se produce
la lesión y/o ulceración del pie”. Se refiere
a que la causa inicial es un traumatismo previo (callosidad, uña
clavada, herida, rozadura...) sobre un pie insensible por afectación
de los nervios debido a la elevación mantenida de la glucemia
y que dependiendo de la existencia de afectación vascular
tendrá mayores o menores consecuencias.
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Ulcera por presión
plantar y ulcera digital tras infección de uña
en clavada
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Una úlcera en el pie de un paciente diabético,
en relación a uno no diabético, tiene menos posibilidades
de cicatrizar con facilidad: es más posible que se infecte
y también lo es que esta infección difunda y por tanto,
que conduzca a una gangrena que comporte finalmente la amputación.
Ante estos datos que duda cabe que el mejor tratamiento es la prevención
y que ésta la deben de llevar a cabo el Endocrinólogo,
el Podólogo y el Angiólogo-Cirujano Vascular realizando
un diagnóstico precoz, controlando periódicamente
y tratando enérgicamente los primeros signos o síntomas
de alarma.
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